
Las
formas: El espíritu de la casa
Un aspecto poco considerado en el diseño actual de los edificios es
la forma. Las formas producen consciente o inconscientemente sensaciones que
pueden ser favorables o bien desfavorables. Personalmente creo que sus efectos
son comparables a los que producen los colores y la luz.
Las formas, el espacio tienen un movimiento de igual manera que la música.
El movimiento del cuerpo dentro de un espacio sucede como si de un baile en
pareja se tratara, al unísono la inspiración del movimiento
surge inconsciente. Esta íntima relación entre el espacio y
el morador mediatiza su movimiento exterior pero igualmente influye en sus
aspectos interiores más sutiles. Los contornos, las formas modulan
el movimiento dentro del edificio.
El contacto entre el cuerpo y las superficies determinan la relación
más directa. El sentido del tacto concede una sensación más
directa e íntima que la simple visión. Mirar un río es
una plácida sensación, pero penetrar en sus aguas, dejar que
se fundan nuestros cuerpos supera cualquier sensación óptica.
Es la fusión a través del contacto. La textura atrae o repele
al contacto y esta interacción entre la superficie y el cuerpo se realiza
no sólo en el contacto corporal sino también a distancia.
La relación con las formas produce en el organismo tensiones y distensiones,
satisfacción o rechazo que son consecuencia directa de ellas, de su
organización, posición, dirección, tamaño, color,
textura que armonizan o por contra crean un enfrentamiento ambiental.

Hay formas que abren nuestros pulmones, la respiración se vuelve amplia
y profunda, la mente se expande, son la apertura, otras provocan un repliegue,
cierran la capacidad sensorial al sentir una agresión.
Dentro de la percepción de las formas, el cuadrado y el círculo
son las más neutras. El ser humano tiende a simplificar y ordenar cualquier
estímulo exterior.
La naturaleza nos ofrece formas redondeadas, hexagonales, pero no cúbicas
o rectangulares, que son de concepción humana, ya que las líneas
rectas no existen en la naturaleza. Gaudí decía que la recta
es la línea del hombre y la curva la de dios. Esta idea enlaza con
los argumentos contrarios a la utilización de la línea recta
en los edificios. Pero, qué es, al fin y al cabo, una recta sino una
curva que no ha tenido espacio para demostrárselo a la perspectiva
humana. Por ello, a pesar de su ausencia en la naturaleza, creo que pueden
ser integradas en las construcciones de manera coherente, ya que a pesar de
ser líneas aparentemente rectas, adecuadamente conjuntadas forman un
equilibrio armónico.
De la asimetría y la anarquía de las formas y los colores surge
la verdadera armonía del conjunto, tal como nos muestra la naturaleza.
El aparente desorden de los bosques o de los mares es el orden que hay que
buscar en la construcción. El orden rectilíneo y masificado
establecido por la moderna arquitectura lleva hacia el desorden natural, ya
que éste se basa en una aparente anarquía.
La orografía y el paisaje, ya sea en la ciudad o en plena naturaleza,
deberían ser una de las pautas decisivas para decidir el tipo de diseño
exterior e interior de un edificio.
Las formas son susceptibles de emplearse como elementos para lograr el correcto
fluido de las energías. Según esto, una forma inadecuada en
una vivienda puede ser causa de trastornos para sus habitantes. Una forma
armónica como el círculo, el cuadrado o las formas hexagonales
son en general favorables para la mayoría de las personas. Son formas
equilibradas que favorecen el orden sobre el caos; el mismo Platón
pensaba que el dodecaedro era la forma del Universo.
Las formas cuadradas o cúbicas representan a la tierra, y las formas
circulares o las esféricas al cielo. Por lo cual los edificios presentan
una armonía desde los aspectos simbólicos con una base cuadrada
coronada por una cúpula.

Personalmente prefiero los edificios cuyo número de lados corresponde
al cuadrado o a sus múltiplos. cuadrado, octógono, dodecaedro,
etc. Un cuadrado y sus polígonos derivados, si están bien orientados
mantienen una correcta correspondencia con los cuatro puntos cardinales. Los
polígonos regulares son figuras tradicionalmente favorables que tienden
desde el propio cuadrado hacia el círculo conforme aumentamos el número
de lados. El octógono es el más representativo de todos los
polígonos, está a caballo entre el círculo y el cuadrado.
Después, si multiplicamos los lados del cuadrado por series numéricas
aparece el dodecaedro, figura emblemática que aparece como símbolo
en muchas tradiciones.
- La armonía se puede entender como el equilibrio entre el todo y los
elementos que lo componen. La forma, al igual que la música pretende
armonizar los sentidos con nuestra concepción de la realidad. El conocimiento
de la proporción y las medidas dan un sentido armónico, conocido
desde hace siglos, de equilibrio y belleza a las formas en su conjunto, que
se transmite a los moradores de los edificios construidos con estos cálculos
ancestrales, convirtiendo la arquitectura en un arte.
Las formas interiores reflejan nuestro espíritu personal y con ellas
contribuimos al conjunto energético del lugar. Hay que considerar no
sólo las formas envolventes del edificio o de las dependencias, sino
también del mobiliario, ornamentos, plantas y objetos presentes en
el interior, evitando las aristas, los salientes o las formas que den sensación
de incompletas. Evitando las aristas pronunciadas o las medidas excesivamente
alargadas y descompensadas. Es importante evitar el exceso de líneas
continuas que aportan frialdad al conjunto con su simetría, aunque
el conjunto a pesar de su aparente anarquía no debe dar la impresión
de estar incompleto.
Un edificio no es nada por sí sólo, precisa de personas que
le den vida, estas personas deben influir en su creación: implicación
personal en la elección del lugar, en el diseño, en la construcción
y decoración, especialmente en aquellos aspectos más sutiles.
Cada edificio tiene un sonido, un olor, un ambiente cromático característico
que le definen; conseguir el equilibrio entre todos los elementos requiere,
además de conocimiento, trabajar la intuición mediante procesos
creativos.
Los sentimientos de los habitantes e incluso de los participantes en la construcción
quedan impregnados en los muros, techos y elementos del edificio e incluso
en el mismo lugar. La persona con su propia energía y con la que confiere
a su entorno, y su poder de decisión sobre él, es uno de los
elementos más importantes dentro del ambiente energético de
un lugar, pudiendo llegar a modificarlo, tanto favorable como desfavorablemente.
Es algo así como el alimento cocinado con amor o la comida hecha rutinariamente.